Síndrome metabólico

¿Qué es el síndrome metabólico?

El síndrome metabólico es un conjunto de alteraciones metabólicas que aumentan el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular, accidente cerebrovascular (ictus) y diabetes tipo 2. Incluye hipertensión arterial, niveles elevados de glucosa en sangre (habitualmente asociados a resistencia a la insulina), exceso de grasa abdominal y concentraciones anormales de colesterol y/o triglicéridos.

El síndrome metabólico tiene un origen multifactorial y se asocia principalmente al exceso de grasa corporal, una alimentación poco saludable, el sedentarismo, el envejecimiento y factores genéticos y ambientales. Su prevalencia ha aumentado en las últimas décadas en todo el mundo, especialmente en países de ingresos altos, pero también recientemente en países de ingresos medios y bajos.

¿Cómo se genera resistencia a la insulina?

La resistencia a la insulina es uno de los mecanismos centrales del síndrome metabólico. Se produce cuando las células del organismo (principalmente del músculo, hígado y tejido adiposo) responden peor a la acción de la insulina, que se encarga de que la glucosa pase de la sangre a las células. Como consecuencia, el organismo necesita producir cada vez más insulina para mantener los niveles normales de glucosa en sangre.

La causa más frecuente es el exceso de grasa corporal, especialmente la grasa abdominal. Este tejido adiposo no solo almacena energía, sino que también libera ácidos grasos y moléculas señalizadoras que favorecen un estado de inflamación crónica de bajo grado. Esto altera la respuesta de las células a la insulina y dificulta la captación de glucosa.

La resistencia a la insulina no solo favorece el desarrollo de diabetes tipo 2. También contribuye a la hipertensión arterial, la alteración de los lípidos en sangre y la enfermedad cardiovascular, por lo que desempeña un papel central en el síndrome metabólico.

Factores de riesgo

Diversos hábitos pueden aumentar el riesgo de síndrome metabólico, como el sedentarismo, una alimentación poco saludable, dormir pocas horas o con mala calidad, fumar y consumir alcohol en exceso.

La exposición a estos factores durante el embarazo también puede influir en la salud metabólica del feto. Diferentes estudios de ISGlobal investigan cómo la contaminación atmosférica o la exposición a disruptores endocrinos durante el embarazo y los primeros años de vida podrían aumentar el riesgo de desarrollar síndrome metabólico más adelante, así como el posible efecto protector de los espacios verdes.

Las personas que trabajan en turnos rotativos también presentan un mayor riesgo debido a la alteración de los ritmos circadianos, que afecta al metabolismo de la glucosa y reduce la sensibilidad a la insulina.

Otros factores de riesgo no modificables son la edad, el sexo —las mujeres presentan un mayor riesgo tras la menopausia—, los antecedentes familiares y determinadas enfermedades, como el síndrome ovárico metabólico poliendocrino (SOMP). Además, los determinantes sociales de la salud, como un bajo nivel socioeconómico, pueden dificultar el acceso a hábitos saludables y aumentar el riesgo de desarrollar síndrome metabólico.

Diagnóstico del síndrome metabólico

No existe una única definición internacional del síndrome metabólico. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de Diabetes (IDF) han propuesto criterios diagnósticos ligeramente diferentes, el diagnóstico suele establecerse cuando una persona presenta al menos tres de los siguientes cinco factores:

  • Exceso de grasa abdominal (obesidad central).
  • Presión arterial elevada.
  • Niveles altos de glucosa en sangre o diabetes tipo 2.
  • Triglicéridos elevados.
  • Colesterol HDL («colesterol bueno») bajo.
Infografía sobre el diagnóstico del síndrome metabólico. Ilustra a una médica rodeada por 5 indicadores: bajo colesterol HDL, triglicéridos elevados, presión arterial alta, circunferencia de cintura elevada y glucosa alta en ayunas.

Diagnóstico del síndrome metabólico: Se confirma cuando una persona presenta al menos 3 de los 5 factores de riesgo ilustrados (valores alterados de glucosa, colesterol HDL, triglicéridos, presión arterial o perímetro de cintura).

El tratamiento del síndrome metabólico

El tratamiento del síndrome metabólico se basa en cambios en el estilo de vida. Perder peso mediante cambios de dieta y la práctica regular de actividad física puede mejorar la sensibilidad a la insulina y ayudar a normalizar la presión arterial, la glucosa y el perfil lipídico.

Cuando estos cambios no son suficientes, se puede añadir un tratamiento farmacológico para controlar cada una de las alteraciones. Por ejemplo, la metformina puede utilizarse para mejorar el control de la glucosa y la sensibilidad a la insulina.

Prevención del síndrome metabólico

La prevención del síndrome metabólico se basa en adoptar hábitos de vida saludables. Entre las principales medidas se encuentran mantener un peso saludable, realizar actividad física de forma regular, seguir una alimentación rica en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y productos lácteos bajos en grasa, no fumar, limitar el consumo de alcohol e intentar conseguir un sueño de calidad.

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FECHA DE ACTUALIZACIÓN: 21.07.2026

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