Hepatitis viral

¿Qué es la hepatitis viral?

Las hepatitis virales son un conjunto de enfermedades infecciosas causadas por distintos virus que afectan al hígado, produciendo inflamación en este órgano y alteraciones en su funcionamiento. Estos virus tienen en común su afinidad por las células hepáticas (hepatocitos), aunque tienen distintos mecanismos de transmisión y diferente evolución clínica. Los tipos de hepatitis virales en humanos son la Hepatitis A, Hepatitis B, Hepatitis C, Hepatitis D y Hepatitis E.

Desde el punto de vista epidemiológico, las hepatitis virales constituyen un problema de salud pública. La carga de enfermedad se concentra principalmente en las hepatitis B y C, responsables de la mayoría de los casos de cirrosis y cáncer hepático. Según la Organización Mundial de la Salud, ambas infecciones causan aproximadamente 1,3 millones de muertes al año, lo que sitúa a las hepatitis virales como la segunda causa de mortalidad por enfermedades infecciosas en el mundo, después de la tuberculosis. Bangladesh, China, Etiopía, la Federación de Rusia, Filipinas, la India, Indonesia, Nigeria, Pakistán y Vietnam soportan casi dos tercios de la carga mundial de hepatitis B y C. Por otro lado, el 68% de las nuevas infecciones por hepatitis B se vieron en la Región de África de la OMS en 2024, pero solo un 17% de los recién nacidos de la Región son vacunados.

Hepatitis viral y salud del migrante, una cuestión de equidad en salud

En Europa, una parte importante de la carga de enfermedad por hepatitis B y hepatitis C se concentra en poblaciones migrantes procedentes de regiones de alta endemicidad. Aunque existen medidas eficaces de prevención y tratamiento, el acceso a los servicios sanitarios puede verse limitado por barreras lingüísticas, culturales y socioeconómicas, lo que favorece el infradiagnóstico. Por este motivo, es clave implementar programas de cribado dirigidos a la población migrante y estrategias inclusivas de salud pública.

Según estimaciones del ECDC, las personas migrantes representan una proporción desproporcionadamente alta de la carga de hepatitis viral en la UE/EEE: alrededor del 25% de los casos de hepatitis B crónica y del 14% de los casos de hepatitis C crónica, pese a constituir una minoría de la población regional.

Los virus de la hepatitis y sus mecanismos de transmisión

  • Virus de la hepatitis A (VHA): Es un virus de ARN de cadena sencilla que pertenece a la familia Picornaviridae. Se transmite fundamentalmente por vía fecal-oral, es decir, por la ingestión de alimentos o agua contaminados con heces de personas infectadas. La enfermedad causada por el VHA es generalmente aguda y autolimitada, por lo que la mayoría de personas se recuperan completamente sin desarrollar hepatitis crónica. Los brotes suelen asociarse a condiciones de saneamiento deficiente y a alimentos crudos contaminados, como el marisco. La prevención del VHA se basa fundamentalmente en la vacunación y en una adecuada higiene de manos.
  • Virus de la hepatitis B (VHB): Es un virus de ADN de doble cadena de la familia Hepadnaviridae. Su transmisión se produce principalmente a través de sangre y otros fluidos corporales, incluyendo la transmisión sexual y de madre a hijo durante el parto. A diferencia del VHA, el VHB puede causar infección crónica (especialmente en niños) lo que aumenta el riesgo de complicaciones graves como cirrosis y carcinoma hepatocelular (cáncer de hígado). Existe una vacuna eficaz frente al VHB que permite una inmunización activa contra el virus. Se administra en tres dosis durante el primer año de vida. Además, existen opciones de tratamiento para las infecciones crónicas del VHB; sin embargo, estos no son curativos y no todas las personas con infección crónica son candidatas a recibirlos.
  • Virus de la hepatitis C (VHC): Es un virus de ARN de cadena sencilla de la familia Flaviviridae. Se transmite principalmente por contacto con sangre infectada, siendo la vía más frecuente el uso compartido de agujas o prácticas médicas que no se realicen con una esterilización adecuada (por ejemplo, transfusiones sin control de seguridad). Algunas personas eliminan el virus de manera espontánea, pero la mayoría desarrollan hepatitis crónica, que puede progresar lentamente a cirrosis y cáncer hepático. Existen opciones de tratamiento curativo para las infecciones por VHC, que permiten eliminar el virus en más del 95 % de los casos.
  • Virus de la hepatitis D (VHD): Requiere la presencia del VHB para replicarse, ya que necesita la envoltura de este. Ambas infecciones pueden presentarse o bien de manera simultánea (coinfección) o bien en una persona ya infectada por el VHB (superinfección). La presencia del VHD agrava la enfermedad hepática, aumentando el riesgo de hepatitis fulminante, cirrosis y complicaciones a largo plazo. De la misma manera que para la hepatitis B y C, el VHD se transmite principalmente por exposición a sangre u otros fluidos corporales.
  • Virus de la hepatitis E (VHE): Es un virus de ARN de cadena sencilla de la familia Hepeviridae. Su transmisión es por vía fecal-oral, y se relaciona con el consumo de agua o alimentos contaminados. Suele ser una infección aguda y autolimitada, pero puede ser grave en poblaciones vulnerables, especialmente mujeres embarazadas durante el tercer trimestre. La mayoría de casos de VHE actualmente ocurren en espacios de soporte humanitario, como los campos de refugiados.
Virus Tipo de virus Vía principal de transmisión Evolución de la infección Complicaciones
principales
Prevención / tratamiento
VHA ARN monocatenario (Picornaviridae) Vía fecal-oral
(agua o alimentos contaminados)
Aguda autolimitada Generalmente no produce infección crónica Vacuna e higiene de manos
VHB ADN bicatenario (Hepadnaviridae) Sangre y fluidos corporales; transmisión sexual y vertical Aguda o crónica Riesgo de cirrosis y cáncer hepático Vacuna y tratamiento para infección crónica
VHC ARN monocatenario (Flaviviridae) Contacto con sangre infectada Frecuentemente crónica Riesgo de cirrosis y cáncer hepático No existe vacuna; antivirales de acción directa curan >95 %
VHD ARN monocatenario circular defectivo (Deltaviridae) Sangre y
fluidos corporales
Coinfección o superinfección con VHB Riesgo de hepatitis fulminante y cirrosis Vacuna frente al VHB
VHE ARN monocatenario (Hepeviridae) Vía fecal-oral
(agua o alimentos contaminados)
Aguda autolimitada Mayor gravedad en embarazadas Mejora del saneamiento e higiene

Síntomas

La expresión clínica de las hepatitis virales es variable y depende tanto del tipo de virus como de las características del huésped. En muchos casos, la infección puede ser asintomática o cursar con síntomas inespecíficos, como fatiga, malestar general, náuseas o dolor abdominal. Cuando la inflamación hepática es más evidente, puede aparecer ictericia (coloración amarillenta de la piel), coluria (orina oscura) y acolia (heces claras). Todos los subtipos de virus pueden producir hepatitis aguda, pero solo algunos —VHB, VHC y VHD— tienen la capacidad de generar infecciones crónicas, que pueden evolucionar durante años hacia cirrosis hepática o carcinoma hepatocelular. En estos casos, la infección crónica puede progresar silenciosamente durante años, sin presentar síntomas evidentes.

Diagnóstico

El diagnóstico de las hepatitis virales se basa en pruebas serológicas que permiten detectar marcadores de infección o de exposición al virus. Cuando es necesario, los resultados se confirman mediante técnicas de biología molecular, que permiten identificar y cuantificar el material genético viral. Este es un paso imprescindible para confirmar la presencia de una infección activa. Una vez diagnosticada la enfermedad, se realizan pruebas clínicas complementarias para determinar la gravedad de la enfermedad en términos de inflamación hepática, fibrosis, cirrosis y/o cáncer hepático como también complicaciones extrahepáticas.

El diagnóstico del VHB y VHC se puede realizar mediante tests rápidos que requieren de una pequeña muestra de sangre. En el caso del VHB, permiten identificar una infección activa mediante la detección del antígeno de superficie (HBsAg), aunque no se pueda determinar si la infección es aguda o crónica. En el caso del VHC, la detección de anticuerpos anti-VHC a través de tests rápidos indica una infección actual o pasada, por lo que es necesario realizar pruebas adicionales para confirmar la presencia de infección activa. Para el VHC existen plataformas moleculares para realizar las pruebas de confirmación en el “point of care”, lo que no requeriría que la persona se vuelva a desplazar para una analítica de sangre adicional.

Prevención

La mejora del acceso a agua potable y a sistemas de saneamiento adecuados es esencial para prevenir la transmisión de la hepatitis A y E. En el caso de las hepatitis de transmisión sanguínea, las medidas clave incluyen el uso de material estéril en procedimientos sanitarios, el cribado de donaciones de sangre y la promoción de prácticas sexuales seguras. Para prevenir la transmisión de madre a hijo de las infecciones por VHB y VHC, se realizan pruebas de cribado durante el embarazo. Cuando está indicado, también se proporciona tratamiento a mujeres embarazadas con infección activa, con el fin de reducir el riesgo de transmisión al recién nacido.

En el caso de las hepatitis A y B, las vacunas constituyen una herramienta fundamental de control. La hepatitis E también tiene vacuna disponible, pero su uso aún no está extendida globalmente. Para la hepatitis C no existe vacuna disponible, pero los tratamientos antivirales modernos permiten curar la infección en más del 95 % de los casos. La prevención para la hepatitis D se basa en la vacunación frente al VHB, ya que la inmunidad contra el VHB impide la replicación del VHD.

Tratamiento

El abordaje terapéutico de la hepatitis viral varía según el agente causal y la fase de la enfermedad. Las hepatitis agudas requieren principalmente medidas de soporte clínico, mientras que las hepatitis que pueden evolucionar hacia formas crónicas necesitan un tratamiento antiviral específico.

Los tratamientos actuales frente al virus de la hepatitis C son los antivirales de acción directa (DAAs, por sus siglas en inglés), y permiten alcanzar tasas muy elevadas de curación. Para la hepatitis B, los fármacos disponibles actualmente logran controlar la replicación viral y reducir el riesgo de complicaciones a largo plazo. El acceso a diagnóstico y tratamiento sigue siendo uno de los principales retos: a pesar de los progresos a nivel mundial en cuanto a prevención, las muertes siguen aumentando porque pocas personas llegan a ser diagnosticadas y tratadas.

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FECHA DE ACTUALIZACIÓN: 23.06.2026

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