Disruptores endocrinos

¿Qué son los disruptores endocrinos?
Un disruptor endocrino es cualquier agente capaz de interferir con nuestro sistema endocrino, responsable de producir y regular las hormonas. Aunque el término puede incluir factores no químicos, como la luz artificial de noche, ciertos tipos de radiación o componentes de la dieta con actividad hormonal (por ejemplo, los fitoestrógenos presentes en la soja), se utiliza con mayor frecuencia para referirse a los disruptores endocrinos químicos (EDC, por sus siglas en inglés). Un EDC es una sustancia química que altera la función endocrina.
Una sustancia química puede imitar la acción de una hormona natural, desencadenando reacciones similares, o bloquear los receptores hormonales de las células, impidiendo que la hormona actúe. Además, los EDC pueden influir en la síntesis, el transporte, metabolismo y excreción de las hormonas, alterando así su concentración en el organismo.

Fuentes de disruptores endocrinos
Los EDC no constituyen una única familia química, sino un conjunto muy amplio de sustancias capaces de interferir con el sistema hormonal. Se han identificado miles, y pueden entrar en el organismo por ingestión (dieta y agua potable), inhalación o contacto cutáneo, o incluso llegar al feto o al bebé a través de la placenta o de la leche materna.
- Envases y recipientes en contacto con alimentos: Ciertos disruptores endocrinos migran desde los materiales en contacto con alimentos hacia los alimentos y bebidas. Entre ellos se encuentran los bisfenoles como el BPA y el BPS, los ftalatos utilizados como plastificantes, y las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) presentes en envases resistentes a la grasa, revestimientos de latas y utensilios de cocina antiadherentes. La migración puede aumentar con el calor, el uso repetido o la acidez de los alimentos. La exposición se produce principalmente por ingestión. Los PFAS se conocen como «sustancias químicas eternas» porque no se degradan en el medio ambiente y algunas pueden permanecer en el cuerpo humano aproximadamente entre 5 y 10 años.
- Pesticidas y agricultura: Los productos químicos agrícolas utilizados en la producción de cultivos y la ganadería incluyen herbicidas (por ejemplo, la atrazina), insecticidas organofosforados (por ejemplo, el clorpirifos), pesticidas históricos como el DDT, y determinados PFAS empleados en formulaciones de pesticidas. Pueden detectarse residuos en frutas, verduras, cereales, piensos y productos de origen animal. La exposición es principalmente dietética, aunque también puede producirse por inhalación y contacto cutáneo en el ámbito ocupacional. La persistencia varía ampliamente, y algunos compuestos permanecen en el suelo y el agua durante décadas.
- Cuidado personal y cosméticos: Los EDC se incorporan a cosméticos y productos de cuidado personal para cumplir funciones conservantes, antimicrobianas, estabilizadoras de fragancias o como filtros UV. Ejemplos comunes incluyen fenoles (como algunos derivados del bisfenol), parabenos, ftalatos, benzofenonas y triclosán. La exposición se produce principalmente por absorción cutánea y suele ser crónica debido al uso diario. La exposición dérmica puede eludir parcialmente el metabolismo hepático de primer paso, aumentando potencialmente la biodisponibilidad sistémica.
- Productos domésticos y materiales de construcción: Los EDC están presentes en entornos interiores a través de bienes de consumo y materiales de construcción. Los ftalatos se utilizan en suelos vinílicos y mobiliario; los éteres difenílicos polibromados (PBDE) son retardantes de llama presentes en aparatos electrónicos y muebles; y los PFAS se emplean en textiles y recubrimientos resistentes a las manchas. Estas sustancias se acumulan en el polvo y el aire interiores, lo que conduce a exposición por inhalación, ingestión (especialmente en niños) y contacto cutáneo. Muchas son persistentes y bioacumulativas.
- Contaminación industrial y ambiental: Las actividades industriales han liberado contaminantes persistentes al aire, el suelo y el agua. Entre ellos se incluyen los bifenilos policlorados (PCB), las dioxinas, los metales pesados como el mercurio, el cadmio y el plomo, y los PFAS. Se bioacumulan en la cadena alimentaria, especialmente en grasas animales y mariscos. La exposición es mixta (dietética y respiratoria), y algunas de estas sustancias tienen largas semividas biológicas, es decir, el organismo puede tardar mucho tiempo en eliminarlas.
- Fármacos y hormonas sintéticas: Ciertos medicamentos pueden actuar como disruptores endocrinos cuando se utilizan fuera de su contexto terapéutico previsto. Entre ellos se incluyen hormonas esteroideas sintéticas (por ejemplo, el etinilestradiol utilizado en anticonceptivos orales), progestágenos, andrógenos, así como estrógenos no esteroideos (por ejemplo, el dietilestilbestrol). La exposición puede producirse a través del uso terapéutico, la manipulación ocupacional o la contaminación ambiental a bajo nivel.
Ejemplos de sustancias químicas disruptoras endocrinas
Efectos en la salud de los disruptores endocrinos
Los disruptores endocrinos alteran el funcionamiento normal de las hormonas, que regulan procesos esenciales como el crecimiento, el metabolismo, la reproducción y el desarrollo cerebral.
Aunque la exposición suele producirse a dosis bajas, su efecto puede ser especialmente relevante cuando ocurre de forma continua o en etapas críticas del desarrollo, como el embarazo o los primeros meses de vida. Otra etapa particularmente vulnerable es la infancia prepuberal; en este contexto, la exposición a EDC se ha asociado con un inicio más temprano de la pubertad. Además, la investigación muestra que algunos EDC presentan una curva de respuesta en forma de U, lo que significa que pueden tener efectos negativos significativos sobre la salud incluso a dosis muy bajas.
Las alteraciones hormonales pueden afectar a múltiples sistemas. Se han asociado con problemas reproductivos y de fertilidad, cambios en el crecimiento infantil, mayor riesgo de obesidad, diabetes y síndrome metabólico, así como alteraciones en el neurodesarrollo. También pueden influir en el sistema inmunitario, la función pulmonar o la función hepática y, en algunos casos, en tumores dependientes de hormonas.
Algunas sustancias altamente persistentes permanecen en el organismo y en el medio ambiente durante años, lo que implica que sus efectos pueden ser duraderos. Por ello, el principal riesgo para la salud no es una intoxicación inmediata, sino la modificación silenciosa de procesos biológicos que puede aumentar la probabilidad de enfermedad a largo plazo. Y en el caso de aquellas que el organismo procesa rápidamente, la exposición constante y diaria puede tener efectos disruptivos más inmediatos sobre las funciones hormonales cotidianas.
No es necesario alarmarse, ya que nuestra salud no está determinada únicamente por la exposición a disruptores endocrinos. Sin embargo, adoptar y mantener un estilo de vida saludable sigue siendo esencial. Se puede reducir la exposición a disruptores endocrinos siguiendo ciertas recomendaciones, como comprando menos materiales sintéticos u optando por recipientes de vidrio o acero inoxidable para los alimentos, en lugar de recipientes de plástico.
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