Tuberculosis

¿Qué es la tuberculosis?

La tuberculosis (TB) es una enfermedad infecciosa causada por bacterias que afecta principalmente a los pulmones, aunque también puede comprometer otros órganos. El agente causal más frecuente es Mycobacterium tuberculosis, conocido como bacilo de Koch, una bacteria alargada con forma de bastón perteneciente al grupo de las micobacterias.

Se estima que alrededor de una cuarta parte de la población mundial está infectada por el bacilo tuberculoso, principalmente en su forma latente, es decir, cuando la bacteria permanece en el organismo sin producir síntomas ni transmitir la enfermedad. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 10,7 millones de personas contrajeron tuberculosis en 2024. La enfermedad afecta a personas de todas las edades y está presente en todos los países, aunque la mayor incidencia se concentra en regiones de Asia y África.

La tuberculosis es una enfermedad contagiosa que se transmite por el aire, pero es prevenible y curable. Desde el año 2000, las intervenciones sanitarias han evitado más de 80 millones de muertes en todo el mundo. A pesar de estos avances, la tuberculosis continúa siendo la primera causa de muerte por un agente infeccioso a nivel global, lo que pone de manifiesto la importancia de reforzar las medidas de prevención, detección y tratamiento.

Tuberculosis y VIH

Las personas con infección por VIH tienen un riesgo aproximadamente 12 veces mayor de enfermar, debido a que el virus debilita el sistema inmunitario y favorece la aparición de infecciones oportunistas.

La tuberculosis es, además, una de las principales causas de muerte en personas con VIH, ya que ambas infecciones se potencian mutuamente y pueden acelerar la evolución de la enfermedad. En 2024, fallecieron alrededor de 150.000 personas por tuberculosis asociada al VIH, siendo el continente africano la región más afectada. La ampliación del acceso al tratamiento antituberculoso y al tratamiento antirretrovírico desde 2005 ha permitido evitar aproximadamente 9,8 millones de muertes en todo el mundo.

Transmisión

La tuberculosis se transmite por vía aérea: las bacterias se liberan al aire cuando una persona enferma tose, estornuda, escupe o incluso cuando simplemente habla o respira, y pueden ser inhaladas por otros. Como ocurre con otras infecciones respiratorias, el riesgo de contagio aumenta en espacios cerrados, mal ventilados o con muchas personas.

Es fundamental señalar que nuestra comprensión de la transmisión ha evolucionado: hoy sabemos que no solo las personas con mucha tos contagian. Estudios recientes muestran que personas que aún no presentan síntomas claros también pueden transmitir la bacteria.

En cambio, quienes presentan una infección tuberculosa latente (donde la bacteria está «dormida») o tienen la enfermedad en otros órganos fuera del pulmón, no suelen contagiar.

Cabe destacar que la tuberculosis no se transmite por compartir objetos personales, alimentos o bebidas, ni por el contacto físico habitual, como dar la mano, abrazarse o besarse.

Síntomas

Tradicionalmente, la tuberculosis se consideraba una enfermedad con dos estados, latente y activa; sin embargo, el modelo actual propone un enfoque más dinámico, en el que la enfermedad puede manifestarse a lo largo de distintas etapas.

  • Tuberculosis asintomática: Muchas personas tienen la bacteria activa en sus pulmones pero no presentan ningún síntoma (ni tos, ni fiebre, ni cansancio). Esta etapa es un «punto ciego» para la salud pública, ya que la persona podría transmitir la enfermedad a pesar de encontrarse bien. Se estima que hasta el 50% de los casos detectados en las comunidades podrían estar en esta fase.No debe confundirse la tuberculosis asintomática con la infección latente; en esta última, la bacteria está «dormida», no produce enfermedad ni se contagia.
  • Tuberculosis sintomática: En otros casos, aparecen síntomas que pueden ser leves durante meses, lo que a veces retrasa el diagnóstico. Los síntomas iniciales suelen ser inespecíficos, como fiebre, cansancio, sudoración nocturna, malestar general y pérdida de peso. En la tuberculosis pulmonar es frecuente la tos persistente (a veces, acompañada de sangre), que puede durar varias semanas. Esta forma es la más contagiosa.
  • Tuberculosis extrapulmonar: Aunque el pulmón es el órgano más afectado, entre un 10 % y un 20 % de los casos pueden comprometer otros órganos (como huesos, ganglios, aparato genitourinario o el sistema nervioso), especialmente en personas con el sistema inmunitario debilitado. Los síntomas varían según la localización y, por lo general, estas formas no suelen ser contagiosas.

Diagnóstico y tratamiento

Para un diagnóstico rápido y preciso, la OMS recomienda actualmente el uso de pruebas moleculares. Estas tecnologías analizan el ADN de la bacteria en solo un par de horas, permitiendo saber si hay enfermedad y si los antibióticos habituales funcionarán. También existen técnicas basadas en biomarcadores, que buscan señales de la bacteria en la orina o en la sangre y son útiles en personas con defensas muy bajas. Para identificar si una persona tiene la infección latente (la bacteria «dormida»), se utilizan otras herramientas complementarias como la prueba de la tuberculina (PPD), los análisis de liberación de interferón gamma (IGRA) pruebas cutáneas de nueva generación.

La tuberculosis se trata con antibióticos, y el enfoque del tratamiento varía según la situación:

Para curar la enfermedad: Si la tuberculosis ya está activa, el tratamiento suele durar entre 4 y 6 meses (usando fármacos como la rifampicina e isoniacida).Es muy importante no interrumpir el tratamiento antes de tiempo y tomar la medicación correctamente, ya que de lo contrario la bacteria puede volverse resistente a los fármacos.

Para prevenir la enfermedad: En el caso de la infección latente, existe el tratamiento preventivo. Gracias a los avances recientes, hoy contamos con opciones mucho más sencillas que duran entre 1 y 3 meses, evitando que la enfermedad llegue a desarrollarse en el futuro.

Además del tratamiento médico, los determinantes sociales de la salud influyen mucho en la recuperación. Factores como una buena alimentación, una buena situación económica y acceso a la atención sanitaria ayudan a que la persona pueda completar el tratamiento.

Tuberculosis multirresistente

La tuberculosis es una de las enfermedades más relacionadas con la resistencia a los antibióticos. Se habla de tuberculosis multirresistente (TB-MDR) cuando las bacterias no responden a los medicamentos habituales de primera línea. En estos casos es necesario utilizar otros fármacos diferentes, que suelen ser más caros, deben tomarse durante más tiempo y pueden producir más efectos secundarios. En situaciones más graves puede aparecer la tuberculosis extensamente resistente (TB-XDR), en la que las opciones de tratamiento son muy limitadas.

Prevención

Las medidas más importantes para prevenir la tuberculosis son detectar los casos de forma temprana, seguir correctamente el tratamiento y mejorar las condiciones de vida. Ventilar los espacios cerrados y mantener una buena higiene respiratoria (por ejemplo, cubrirse la boca al toser o estornudar) ayuda a reducir el contagio. También es recomendable acudir al médico ante síntomas como tos persistente, fiebre o sudoración nocturna o si se ha tenido contacto cercano con una persona enferma, incluso si no se presentan síntomas, para valorar el inicio de un tratamiento preventivo. No fumar y mantener hábitos de vida saludables contribuye a disminuir el riesgo de enfermedad.

La vacuna BCG (Bacilo de Calmette-Guérin)

La vacuna BCG es una de las principales herramientas para prevenir las formas graves de tuberculosis. Se administra sobre todo en la infancia y protege especialmente frente a formas más graves de tuberculosis. Aunque la vacuna no evita todos los casos de tuberculosis pulmonar en adultos, sigue siendo muy útil en países donde la enfermedad es frecuente, y forma parte de las estrategias de salud pública para controlar su propagación.

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FECHA DE ACTUALIZACIÓN: 23.03.2026

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