Partículas en suspensión

¿Qué son las partículas en suspensión?
Las partículas en suspensión, materia particulada o PM (por sus siglas en inglés, particulate matter) es una mezcla heterogénea de partículas sólidas y líquidas suspendidas en el aire. Se clasifica en función de su diámetro, distinguiéndose principalmente las PM10, que incluyen partículas de hasta 10 micrómetros, y las PM2.5, formadas por partículas de hasta 2.5 micrómetros.
Su composición química es muy variable y depende de las fuentes emisoras y de los procesos atmosféricos. Puede incluir carbono procedente de la combustión, compuestos orgánicos, sulfatos, nitratos y amonio, así como silicatos, aluminatos y metales pesados. También pueden contener material biológico como polen, esporas o bacterias.
Las PM10 pueden proceder tanto de fuentes naturales como antropogénicas. Entre las fuentes naturales se incluyen fenómenos como tormentas de arena, erupciones volcánicas, erosión del suelo e incendios forestales. Por otro lado, las fuentes antropogénicas incluyen actividades humanas como el tráfico, especialmente el de vehículos diésel, centrales eléctricas, calefacciones, minería y procesos industriales.
Aunque las PM2.5 pueden tener algunas contribuciones naturales, suelen ser originadas por actividades humanas debido a su pequeño tamaño y su capacidad para ser generadas por procesos de combustión. En particular, las PM2.5 provienen de diversas fuentes de combustión, como los vehículos, camiones, fábricas, la quema de madera, las quemas agrícolas, entre otras actividades.
Efectos de las PM en la salud
Las partículas en suspensión son uno de los contaminantes atmosféricos con mayor impacto sobre la salud pública. La principal vía de exposición es la inhalación. Las partículas más gruesas suelen depositarse en las vías respiratorias superiores y en los bronquios, mientras que las partículas finas alcanzan los alveolos pulmonares. Parte de las partículas retenidas en la mucosa respiratoria puede eliminarse, pero una fracción, especialmente la más fina, puede atravesar la barrera pulmonar o inducir procesos inflamatorios sistémicos.
La exposición a concentraciones elevadas puede provocar irritación respiratoria y agravar enfermedades preexistentes, como el asma. Sin embargo, el principal problema sanitario se asocia a la exposición prolongada (durante años) a la contaminación atmosférica, incluso cuando esta es a niveles moderados o bajos. La presencia continuada de partículas en el aire se ha relacionado con enfermedades cardiovasculares y respiratorias crónicas, cáncer de pulmón y reducción de la esperanza de vida.
Los efectos no se limitan al aparato respiratorio. Existe evidencia de su influencia sobre el desarrollo fetal, el crecimiento pulmonar y neurológico durante la infancia, así como sobre procesos metabólicos y neurodegenerativos en la edad adulta. En términos generales, las PM2.5 presentan un mayor impacto sanitario debido a su capacidad de penetración profunda y a su composición química más reactiva, aunque la fracción gruesa también puede generar inflamación respiratoria relevante en exposiciones repetidas.

Límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud
Según las recomendaciones de la OMS, el aire debería contener de media a lo largo del año menos de 5 microgramos por metro cúbico (µg/m³) de PM2.5 y menos de 15 µg/m³ de PM10. También fija valores diarios de 15 µg/m³ para PM2.5 y 45 µg/m³ para PM10. Superarlos ocasionalmente no implica un riesgo inmediato, pero la exposición repetida o prolongada incrementa la probabilidad de efectos adversos para la salud.
La Unión Europea, en cambio, fija límites legales más altos. Por ello, una ciudad puede cumplir la normativa vigente y, aún así, superar los niveles recomendados para la salud. La legislación europea está en proceso de revisión para acercarse progresivamente a los valores de la OMS.
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